lunes, 4 de noviembre de 2013

La Arqueológica denuncia la retirada de sillares del siglo II aC en la Muralla

La entidad critica la substitución de sillares de la primera época en perfecto estado. Por su parte, la dirección de obra se defiende alegando que las piezas están en mal estado y peligra la estabilidad

La restauración de la Muralla romana en el tramo comprendido entre la Torre del Seminari y la Torre Minerva llevaba tiempo ocultando una división de criterios a la hora de restaurar este tramo que abarca una longitud de 40 metros por el Passeig Arqueològic y unos 40 por el patio del colegio concertado Lestonnac-L’Ensenyança.
Estos punto de vista divergentes han saltado a la luz después que el presidente de la Reial Societat Arqueològica Tarraconense, Jordi Rovira, ha denunciado que en las tareas de restauración que se están llevando a cabo «se han sustituido sillares prácticamente enteros de la obra romana original, del siglo II aC, que además son de la primera fase de construcción de la muralla. Son piezas originales de la parte más antigua».
Esta denuncia no ha sentado demasiado bien al arquitecto director de la obra, Rafael Vila, quien se defiende de las acusaciones de la Arqueològica amparándose en el respaldo obtenido por el Ayuntamiento y la Generalitat. Existen informes favorables que apoyan el criterio de Vila a la hora de decidir qué sillares deben cambiarse en este tramo de Muralla romana.
«Hice pruebas para conocer la seguridad de los tramos y hemos comprobado mediante técnicas la seguridad de los sillares», explica Vila. Todos aquellos que tengan más de tres centímetros de erosión serán substituidos total o parcialmente. «Es mala suerte que una parte de los sillares más degradados sean de esta época romana inicial», añade el arquitecto.
Un año de plazo y un mes extra
Las tareas de restauración que se están llevando a cabo actualmente –a cargo de la empresa Trycsa, la adjudicataria del proyecto– afectan al tramo central de la Muralla, entre la Torre del Seminari y la Torre de Minerva. Es el tramo que, en su parte interior, coincide con el patio de la escuela Lestonnac, que años atrás colocó unas vallas protectoras ante la fragilidad del monumento.
Rovira explica que «la restauración, por la parte interior, no tiene problema, porque era una zona que ya estaba muy destruida y con piezas de restauraciones anteriores relativamente recientes. Pero por fuera sí quedaban piezas originales que han sido destruidas y sustituidas casi por completo».
La postura de Rovira también la defendió en su día Cultura de la Generalitat lo que motivó una reunión entre todas las partes (Ministerio, Generalitat, Ayuntamiento y dirección de la obra) para enterrar el hacha de guerra y terminar la restauración. En esa misma reunión Rafael Vila amenazó con dejar el cargo si no se respetaba su criterio y con un mapa encima de la mesa se planteó qué sillares podían salvarse sin afectar la estructura de la Muralla. «La Generalitat me propuso cinco, tres ya estaban previstas, una cuarta la aceptamos, pero la quinta no era posible», describe Vila, que al final acataron su criterio y se prosiguió la restauración.
Metodología
Para el presidente de la Arqueològica, «se han sustituido a la brava estos sillares y eso infringe la base de lo que tiene que ser la restauración monumental, que lo que tiene que hacer es salvaguardar el monumento original». Para Vila hay dos caminos en la restauración: «Quedarse en ruinas o potenciar el interés de transmitir la imagen de una construcción milenaria con garantías de continuidad aunque las piedras o sillares sean otros».
Jordi Rovira asegura que «se podrían haber mantenido esas piezas y buscar otras alternativas. Una restauración que incluye la destrucción de piezas es un error arqueológico», insiste, y reitera que se refiere sólo «al tramo que era romano y original, en los que ya habían sido restaurados es correcto».
Vila señala que «hay dos tipos de sillares procedentes del Mèdol, los de grano duro y los de grano fino. Estos últimos se deterioran antes y es necesario su reposición para garantizar la solidez del muro».
Para Rovira, además, otro error añadido es que las tareas son irreversibles. «No se trata de haber cubierto la piedra original con una placa, no. Es que ha sido sustituida por completo, por lo que se atenta contra otro principio de cualquier restauración: que es que sea reversible en la medida de lo posible».
El presidente de la sociedad no entiende por qué se han llevado a cabo estas acciones: «El proyecto inicial era más conservacionista porque pretendía salvar todo lo que se pudiera, pero de un día para otro se modificó».
Rovira subraya que «el proyecto viene de Madrid y la decisión se ha tomado desde allí, pero la Generalitat tiene las competencias de seguimiento y validación, y ese control es lo que imaginamos que en algún momento ha fallado».

Un año y un mes de andamios

La restauración de la Muralla romana en el tramo comprendido entre la Torre del Seminari y la de Minerva empezó hace ahora un año. La empresa Técnicas para la Restauración y Construcciones SA (Trycsa) fue la adjudicataria d e un concurso que abrió el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte con un presupuesto inicial que rondaba el millón de euros. Las actas de replanteo fueron a principios de noviembre, por lo que la restauración empezó hace ahora casi un año. El proyecto, impulsado por el Ayuntamiento de Tarragona, avalado por la Generalitat y financiado por el Ministerio tiene un plazo de un año de ejecución que se prorrogará un mes más. Desde el principio los andamios han ocupado este tramo de unos 44 metros de longitud en la parte del Passeig Arqueològic para poder trabajar la restauración de este monumento Patrimonio de la Humanidad.
Fuente: http://www.diaridetarragona.com/noticia.php?id=11984

 

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